SANTANDER 2024
Comenzamos nuestro viaje con una ruta de
senderismo desde la playa del Sardinero hasta el Cabo Mayor, en una mañana con llovizna "Carabobo", pertrechos con chubasqueros ligeros, y con unos
colores 🌈 preciosos tras la lluvia. Numerosas fotos a lo largo de la ruta : playas, campo de
golf, prados, arboledas, acantilados, rasas costeras, cabos, faro...
Después, por la tarde, se impone el sol y las playas se van llenando de bañistas y de jóvenes amantes del Surf.
La playa del Sardinero es muy extensa, a la que se suma la contigua del Camello, con oleaje para la diversión de los asistentes y con aguas refrescantes.Por la noche, las calles del centro de la ciudad, en verano, se abarrotan de gente en bares, terrazas y restaurantes, pues cuenta con una rica gastronomía: tapas, cocido montañés y cocido lebaniego, pescados, marisco, zamburiñas, helados...
Nos trasladamos, en días siguientes, al Centro de Interpretación Saja -Besaya para realizar una ruta guiada con monitor de Naturea, por un abigarrado hayedo y bosque de ribera de los ríos Saja y Cambillas. Maravillosos ejemplares de hayas. Merodean por el hayedo algunos ejemplares de jabalíes, tejones, ciervos, e incluso, según nos cuentan, algún oso; mientras que en la ribera se hallan nutrias, truchas, mirlo acuático... Y la joya faunística es la Rosalia alpina, un insecto descomponedor de la madera muerta, protegido por la Red Natura 2000 como especie prioritaria.
La ciudad de Santander reúne unas condiciones óptimas para pasear bordeando las
playas, con jardines, bancos, sendas habilitadas tanto para caminantes como cicloturistas; con bellas vistas del litoral costero (playas, islotes, cabos, penínsulas, veleros, mercantes, bañistas, surfistas, puestas de sol...) y de los lujosos edificios circundantes (El Gran Casino Sardinero considerado bien de interés cultural por su rica
arquitectura de estilo vienés o "belle epoque", el Gran Hotel Sardinero de finales del siglo XIX y reconstruido en varias ocasiones, la última,
muy reciente siguiendo el estilo afrancesado de la "belle epoque". También encontramos a su alrededor, la Villa Piquio una vistosa mansión
veraniega del primer marqués de la Casa Pombo en la que se alojaron personajes históricos de la realeza; y la mansión "Los Pinares", una imponente edificación de estilo indiano rodeada de jardines.
Si tomamos la Avenida Reina Victoria en dirección a la Península de La Magdalena, por el paseo marítimo, avistamos distintas estatuas de
personajes célebres, hermosas plantas con flores, la playa El Camello con el monumento a Neptuno Niño. En el interior del recinto del Parque de La Magdalena resulta muy agradable pasear bajo la sombra de imponentes árboles, contemplando varios monumentos escultóricos, las Caballerizas Reales, el Embarcadero Real, el Faro y, la joya del parque, el Palacio de la Magdalena, lugar emblemático de la ciudad y de interés histórico, situado en la Península de la Magdalena frente a la isla de Mouro, construido por suscripción popular a principios del siglo XX para la familia real, siendo residencia veraniega del rey Alfonso XIII y su familia; en la actualidad pertenece al ayuntamiento de la ciudad y alberga la Universidad Menéndez PelayoEn el Parque de la Magdalena podemos visitar El Museo El Hombre y la Mar con réplicas de varias embarcaciones históricas. Asimismo, a continuación, junto al museo referido, encontramos El Parque Marino con ejemplares de focas, lobos marinos y pingüinos; muy visitado por familias con niños.
Continuamos nuestro paseo por la Avenida Reina Victoria, en la zona habilitada para peatones y cicloturistas, pasando frente a las playas de la Magdalena y los Peligros, avistando en la bocana de la inmensa bahía la isla de la Torre (donde estuvo ubicado en el pasado el hospital de leprosos) y al otro lado de la bahía el brazo arenoso de la Playa del Puntal con sus dunas).
Más adelante, observamos los edificios del Centro Oceanográfico y el Museo Marítimo del Cantábrico (aconsejable una visita a las exposiciones de historia marítima, esqueletos de ballenas, pulpos gigantes, acuario, y que cuenta con un restaurante que tiene unas vistas maravillosas de la gran bahía de Santander, con el puerto deportivo, los veleros navegando, barcos mercantes y de pasajeros... ). Al otro lado de la gran avenida, en lo alto del promontorio, a mayor altitud, encontramos grandes y lujosas edificaciones, la Casa-Palacio El Promontorio, El Eurostars Hotel Real (edificio histórico, conocido como la gran Dama Blanca de Santander, inaugurado a principios del siglo XX por el rey Alfonso XIII para alojar a la Corte de la familia Real, refinada arquitectura de época). Seguimos por el Palacio de Festivales de Cantabria, El Muse de Arte Contemporáneo ubicado en las Naves de Gamazo, la Dársena del Puerto Chico (numerosos yates anclados); avanzamos por el Paseo de Pereda hasta alcanzar el llamativo edificio Centro Botín, que alberga un museo de arte; sin embargo, los turistas toman el ascensor para subir a la azotea que cuenta con unas vistas espectaculares, tanto de la bahía y puerto. como del casco urbano de la ciudad..
La ruta del Paseo Marítimo finaliza en Los Jardines Pereda, seguidamente, atravesamos los jardines y encontramos el bello edificio de Correos, uno de los pocos edificios de la zona que se salvó del catastrófico incendio de 1941, que
destruyó la mayor parte del casco histórico que se hallaba dentro del recinto amurallado. Próximo a este edificio se encuentra la Catedral de Santander, denominada Catedral de la Asunción de Nuestra Señora, reconstruida tras los graves daños del incendio, en el interior podemos contemplar la estructura arquitectónica gótica, con sus arcos apuntados y bóveda de crucería.
Tras el desastroso incendio, se llevó a cabo un nuevo plan urbanístico que dotaba a la ciudad de ensanches, plazas y calles de mayor amplitud, predominando un trazado de delineado recto. Así las calles principales y comerciales, pobladas por la burguesía, y edificios bancarios, administrativos y gubernamentales (Plaza
Porticada de Velarde, calle Calvo Sotelo, calle Juan de Herrera, calle San Francisco, calle Rualasal, calle Santa Clara, Plaza del Ayuntamiento). Una zona muy concurrida de gente (tapeo de mediodía y por la tarde/noche), donde proliferan las tiendas y comercios, así como los negocios de hostelería (restaurantes, bares y terrazas).
Resulta interesante acercarse a la Plaza del Ayuntamiento, donde se ubica la Casa
Consistorial, un elegante edificio, y a su espalda el Mercado de Abastos, un edificio de relevancia arquitectónica e histórica de principios del siglo XX, pues es una muestra muy representativa de la arquitectura en hierro decimonónica, declarado monumento histórico-artístico y bien de interés cultural..
Nos apuntamos a otra ruta de senderismo organizada por el Grupo Naturea de Desarrollo
Rural, denominada "Monte Cincho: Mirador de Trasmiera. El punto de encuentro e inicio de la ruta tuvo lugar frente al Ayuntamiento del pueblo de Arnuero, donde un guía nos recibió a todos los integrantes de la marcha. En primer lugar, callejeamos hasta la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, que cuenta con una portada gótica de gran belleza y una maciza torre campanario. Frente a la iglesia se halla el edificio del Observatorio del Arte.Abandonamos el casco urbano por una pista forestal que discurre entre parcelas ganaderas y, seguidamente, avanzamos por un sendero que empieza a remontar suavemente el Monte Cincho, cuyo nombre responde a la muralla o muro envolvente del monte (restos arqueológicos de un antiguo castro celta). A medida que avanzamos la subida se va haciendo cada vez
más dura, se trata de una ascensión cercana a 1,5 km. con un desnivel de porcentajes muy altos; además, el sendero presenta un firme rocoso (sustrato de roca caliza) con resaltes de piedras en punta y cortantes, por lo que con el suelo mojado o húmedo hay que extremar las precauciones, y discurre bajo un palio de ramas del arbolado, con la presencia de la
singular "encina cántabra costera" (tronco fino y alto, hojas grandes). Cabe señalar que este
tramo, de cierta dificultad, es utilizado en circuitos training. Aparte de la encina encontramos otras especies vegetales como aladiernos, madroños, laureles...
Alcanzamos la cima del Monte
Cincho donde se halla una torre de madera denominada "Mirador de Trasmiera". Tras subir unos cuantos peldaños ascendemos a la cesta del mirador, con unas vistas en redondo maravillosas, tanto de la costa como del interior de Cantabria (en días claros, se pueden avistar los Picos de Europa y las cabeceras del Asón; por otro lado, la bahía de Santander, una parte de las Marismas de Santoña, Victoria y Joyel, las playas de Ris y Berria, los Cabos de Ajo y de Quejo...La Torre Mirador se eleva sobre la cúpula arbórea del encinar.
La bajada la realizamos por la cara Este (la subida, más complicada, la hicimos por el Oeste), también con firme pedregoso, contemplando en primer lugar los restos arqueológicos del muro que marcaba el recinto exterior del Castro Celta, y después nos detuvimos frente a un panel informativo de la fauna y flora del entorno, con las explicaciones pertinentes por parte del guía.Finalizada la ruta, podemos concluir que es una ruta atractiva por el ecosistema de un bosque de encinas que puebla el Monte Cincho y por las vistas que ofrece el Mirador de Trasmiera; por otra parte, resulta una ruta corta, de unos 4 kms. en total, de cierta dificultad para personas físicamente limitadas (niños, discapacitados...) debido al fuerte desnivel de la ascensión y al firme pedregoso del sendero.Otro de los atractivos de Santander, son varios y numerosos (Laredo, desfiladero de la Hermida, Picos de Europa, Castro Urdiales...) cercanos a la
capital cántabra, se ubica en la ciudad de Santoña, que cuenta con un entorno natural y geográfico único: municipio costero con una bahía y puerto espectaculares, al pie del monte
Buciero. También posee un rico patrimonio monumental, como la iglesia de Santa María del Puerto del siglo XIII, Palacios del marqués de Chiloeches y de los duques de Santoña, los Fuertes militares de San Martín, San Carlos y Mazo, Plaza de Abastos... Pero además, cuenta con una rica gastronomía relacionada con productos pesqueros (anchoas, atún, sardinas, zamburiñas, rabas, sardinillas...); así
que nos acercamos al chiringuito a pie de playa denominado Pascual "El Chili" para degustar sus ricas sardinillas a la brasa acompañado de un vino blanco de la zona (riquísimas, siempre repetimos cuando estamos por los alrededores).
bajada hasta la orilla del mar, un auténtico hito para los más osados, sobre todo por lo que se refiere a la subida después de la visita. Muchos añaden un refrescante baño en las aguas del cantábrico, sobre todo, aquellos más jóvenes. La senda de ligera pendiente no resulta demasiado complicada, discurre entre un bosque de encinas cántabras, con firme irregular de
piedra caliza, protegidos del sol, con miradores espectaculares en ciertos puntos, y con una bajada y subida de escalones al Faro del Caballo que resulta impresionante. Se disfruta mucho de la experiencia, a pesar del sufrimiento que supone la subida de los más de setecientos escalones.
De vuelta a la capital cántabra, ya por la tarde-noche, unas tapitas en alguna de las muchas terrazas del Sardinero acompañadas de refrescantes tercios de cervezas, y por último, casi siempre rematamos con unos riquísimos helados en alguno de los bancos mirando al mar (una despedida de nuestra estancia en Santander maravillosa)..
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