martes, 15 de mayo de 2018

Sierra Bermeja

SIERRA BERMEJA  (HINOJOSA DE SAN VICENTE)

En la mañana del 13 de mayo, siendo las 8:00 horas, media docena de intrépidos aventureros de la escuadra MTB de Velada, parten de la Villa en sus burricletas con la mira puesta en "La Bermeja", alguno de los valientes se acostó anoche caliente y se quedó en cama convaleciente (jejeje...). Enfilamos el camino de Mejorada y ascendemos La Gamonosa, que en frío resulta costosa, mas no nos arrugamos y a buen ritmo continuamos agrupados. Atrás queda el vecino pueblo, por el camino de Segurilla transitamos y a la localidad llegamos. Seguimos por el camino del Hituero, dejando atrás el crucero, hasta desviarnos por la derecha según vamos, así tomamos el camino de Marrupe hasta toparnos con el Marrupejo, lo que supone un ligero freno, pues el nivel de sus aguas no está bajo y hay que pensárselo; con lo cual, hay quienes descabalgan y cruzan "a pata", saltando de piedra en piedra, mientras que El Maestre pedalea de frente, clava las espuelas a su Capitana y con pericia la corriente salva sin perder la calma. Continuamos atravesando una zona preciosa de verdes prados, con el arroyo a nuestro lado, de florecillas blancas engalanado, alambrada a ambos lados delimitando el trazado; más adelante, unas cuestecillas donde el camino se empina, zona de muchas encinas, retamas con flores amarillas, algún enebro despistado y lavandas con sus penachos morados. En la explanada, en las  afueras de Marrupe situada, hacemos una parada para coger agua, el chorro del caño corre sin descanso. Atravesamos la población y nos encaminamos hacia el camino de hormigón, rumbo hacia Hinojosa de San Vicente, transitamos con agrado flanqueados por enebros y chaparros, las jaras en flor con la blancura del algodón, entre el pasto del prado una liebre se ha aplastado, se levanta y emprende su carrera con las orejas bien tiesas. A medio recorrido, a la izquierda sale otro  camino, en su primer tramo de tierra, que remonta la falda de la sierra y la enrosca por el septentrión de la ladera, para coronar por la solana. En este punto, Nico abandona el concurso, cuando le comentan que la ruta alcanza los sesenta, se da media vuelta; El Maca no se arrepiente y, junto al Maestre, sigue de frente, tras lo cual, comenzamos a escalar, un tramo hormigonado con porcentaje en torno a los veinte, alto desnivel y fuerte pendiente ascendente, entre jaras, chaparras y pinos, con mucho esfuerzo subimos. A la sombra de la umbría disfrutamos de las vistas, me llama poderosamente la atención, un valle profundo y estrecho, con un verde muy intenso y un paraje muy fresco; pero poco después, por cierto, una rampa del veintidós por ciento, de tierra y sin cemento, ¡vaya tormento! Esta vez, sin apenas aliento, "por poco reviento", la burricleta Capitana rehuye el intento; no puedo más y me veo obligado a descabalgar, con la burra del ramal empiezo a caminar, son unos cincuenta metros de plegarias y lamentos (¡¡¡Buuuuuuffffff!!! ¡¡Qué tormento!!). Mientras tanto, dando ánimos, el veterano Ilde saca fotos desde lo alto. Finalizado el tramo del infierno, afrontamos unos cuantos repechos previos, más moderados y ligeros, hasta situarnos en la encrucijada de caminos que se enlazan; una vez aquí, hay que decidir, acompañamos a los galácticos y coronamos, o bien, nos sentamos y les esperamos. Como soy un tanto osado, mientras uno la rodilla lubrica y masajea, me lanzo en solitario a por La Bermeja, entre pinos y castaños, escalo hacia lo más alto, bajo el palio sombreado de la enramada que conforman sus frondosas ramas -me refiero a los castaños-, el tono claro y vivo de sus hojas verdes, me dirijo en busca de la cota, un reto que alcanzar al fin quiero. Quienes vienen por detrás ya me alcanzan y me rebasan, pero pedal tras pedal la cima he de alcanzar, un poco más de esfuerzo, con bastante sufrimiento, y, por fin, ahí está: La Bermeja con su caseta. Nos detenemos en el lugar, para el avituallamiento y descansar, fotos para la ocasión y mucha emoción; buscamos y encontramos el hito de piedra de la cima Bermeja, con una altitud de 992 metros, un desnivel acumulado cercano a los mil...¡qué más puedo decir! 
Emprendemos la vuelta, con la satisfacción de las cosas bien hechas, pues lo hemos logrado, la ruta de La Bermeja es nuestra, bajada con mucha pendiente a Hinojosa, donde recargamos las botellas de agua, pequeño descanso, y vuelta a la bicicleta, camino de San Román, pequeño despiste y vuelta a empezar, bajada más suave y gradual, canto del pinzón vulgar, con el chirrío final, muchas gramíneas con sus espigas o banderillas; de pronto, un peligroso descenso, cantos sueltos, escalones pétreos...conviene bajar, pie a tierra para no arriesgar; tras lo cual, llegamos a San Román. Seguimos por el camino que conduce a Pepino, en los arroyos y sotos canta el ruiseñor muy melodioso, abundan las fresnedas que conforman tupidas sombras frescas; más adelante nos adentramos en la dehesa, donde se halla la vetusta encina de "Doña Germana", que aún aguanta pese a la enorme raja que atraviesa sus entrañas. Sobrepasamos la población y nos dirigimos a La Portiña, divisamos el embalse y rodeamos el muro de la presa, después por el carreterín enlazamos con la vía de servicio del Canal en sentido Oeste, donde contemplamos a una ninfa embelesada con las rosas silvestres de un escaramujo, continuamos a un buen ritmo pedaleando, llegamos a la rotonda de la N-501, donde nos desviamos hacia Talavera La Nueva por la vía de servicio del Canal, abandonamos ésta por la carretera que pasa junto al antiguo Mercado de Ganados, en este tramo, Ilde, el veterano, me ha empujado, salvamos la autovía por el puente sin más inconvenientes, atravesamos Gamonal, si bien, me voy quedando muy atrás; camino de Velada, las piernas están muy cansadas, casi estoy fundido, el famoso "tío del mazo" me ha machacado, y con jadeos y muchos suspiros llego al final del camino, alcanzo al fin la meta que se halla en las escuelas. Tan solo queda el Maca, que en los estiramientos me acompaña, los demás ya se han marchado; pues he llegado descontrolado, es decir, fuera de control y con mucho dolor.
Ruta: Circular, Velada-La Bermeja-Velada, dificultad alta, 77 km., desnivel acumulado cercano a los  1000 m, con tramos que superan el 20 por ciento. Espectacular. 






























martes, 1 de mayo de 2018

LA DEHESA EN LA ALISEDA: PARAÍSO EN PRIMAVERA 

En Velada, a las 9 de la mañana del día 1 de mayo, amenazando lluvia, pero sin importarnos, acudimos a la cita dominguera los caballeros veleños para deambular por los campos. En la salida, la escuadra está dividida, unos pronto han de retornar para ver a sus retoños jugar; mientras tanto, El Maca y El Maestre, tienen puestas sus mentes en las dehesas verdes y en los sotos de ribera de su querido Guadhierbas, rebosantes de vida, tras las lluvias caídas, en esta explosiva primavera. Ponemos rumbo hacia la sierra, caminos del Norte, donde a primera vista clarea, camino de Navalcán, labranza de Trujillanos, donde nos desviamos hacia la Aliseda por el camino que enlaza con el de Parrillas, atravesando por medio la dehesa, que nos abre sus puertas de plena belleza, las encinas se alternan con alcornoques, quejigos y rodales de fresnedas...cantan los pajarillos en su despertar matutino, el cuco de telón de fondo, el pinzón, la curruca, la paloma zurea; pero nos llama la atención el espino albar florido, no puedo dejar de pasar la ocasión para posar y sentir la emoción, y bajo una rama de un alcornoque centenario pasamos, y nos fotografiamos. Llegamos al Guadhierbas para contemplar la corriente y el camino de Parrillas por su vado, difícil cruzarlo, el arenero acumulado en su lecho pronostica un atasco, ni lo intentamos, media vuelta y hacia el vado de la Aliseda. Aquí estamos, el soto ribereño del Guadyerbas invita a la contemplación y a la inspiración, una frondosa fresneda, numerosos espinos albares con sus flores blancas, las frescas praderas, los ruiseñores cantando...y nosotros escuchando. La mañana luminosa y soleada, que los colores exalta, la alfombra verde floreada de una ruleta cromática: amarillos, blancos, azulones, morados y espiguillas grana. Toca ahora cruzar el ancho río, si bien somero y lecho liso, está hormigonado y salvamos pedaleando con cuidado; fotos para la ocasión como recuerdo del "pormenor". Continuamos por la Aliseda, al otro lado, pero el camino está arado, no salimos del asombro, ¡Cómo puede ser!! ¡Qué han hecho! Nos ceñimos muy pegados al arroyo que encontramos y remontamos hasta la portera que buscábamos, a pesar de todo, el sendero intrincado nos ha gustado; por fin "atisbamos" el camino, tal vez nos hemos despistado -comentamos extrañados-. Abrimos la portera, enfilamos por el camino de Parrillas a Mejorada entre quejigos imponentes, las jaras en flor, el cuco con su "son", vadeamos el arroyuelo y tras recorrer un corto trayecto enlazamos con la Cañada Real Leonesa Occidental. Tomamos dicha vía pecuaria en sentido suroeste, hacia el reculaje del pantano de Navalcán, y en mitad de dicho tramo nos encontramos un coche atascado, junto a la orilla del camino; por tanto, como caballeros que somos, nos detenemos y nos ofrecemos; rápidamente el trío del vehículo, dos hermosas ninfas y un fauno montano, reclaman nuestra presencia, así que empujamos, empujamos..., pero no lo logramos. La fortuna quiso que por el mismo camino transitaran en sus "jacas" tres veleños de la escuadra (Cristóbal, Luci y Gabriel); y a la de tres empujamos todos juntos otra vez, por fin, lo logramos y lo desatascamos. En señal de agradecimiento, El Maestre recibió de las ninfas dos besos (jejeje...). Tras la despedida continuamos por la vía, cruzamos en Guadhierbas por el puente que alberga, miramos hacia abajo a ver si suben a desovar las bogas o barbos, el agua transparente y cristalina es pura delicia, las orillas se pueblan de fresnedas y alamedas, también denominadas choperas, las vacas mientras tanto pastan en la ribera, canta el verderón, apenas sopla el viento, luce el sol; todo invita a la tranquilidad y el sosiego, mas no podemos detenernos, hemos de seguir en busca de la cola del pantano, ya por fin llegamos y es la hora del descanso. Nos acomodamos en un lugar, por los pescadores muy querido, en la confluencia de un arroyo con el embalse, descabalgamos, descansamos y nos alimentamos, mientras tanto, comentamos, observamos que el nivel está muy alto, casi lleno, al 95 por ciento, o quizás más, bueno que más da, ahora lo importante es mirar y disfrutar, nos llama la atención cómo en apenas un metro cuadrado crecen próximos tres árboles: una encina de la que cuelgan los líquenes, un fresno en crecimiento y un quejigo con brío. Las hojas de este quejigo pequeñito destacan por su brillo, un verde claro muy intenso y vivo. Cantan los pájaros a nuestro alrededor, tal vez una curruca, o más bien un pinzón, lo que sí se distingue es su remate final, un "chirrío" más acentuado y estridente, que interfiere en el relajado ambiente. Seguidamente, continuamos la marcha por el camino de Candeleda a Velada, divisamos en las alturas una pareja de pequeñas rapaces, tal vez ratoneros, "aguiluchos" dice mi compañero, mientras a ambos lados del camino muchas jaras, con sus flores blancas, si bien en su interior unas manchas en tonos de color marrón, anaranjados teñidos de matices rojizos...Aparecen las arenas, muy persistentes hasta Villabuena, atrás dejamos el pozo "El Arco", los corrales y encinares, éstos de hierbas totalmente cubiertos, tapizados de verde con estampados de variopintos colores, se conjugan los amarillos de las caléndulas, dientes de león, crucíferas o mostazas, botón de oro, con el blanco de las margaritas y ranúnculos acuáticos, junto con los farolillos que visten de azulón, las campanillas de azul marino, así como el grana de espiguillas enanas...Y en los campos de cultivo, con avenas y cebadas, las plantas de arvejones moradas, también en este tono la lavanda. Pasamos los arroyos cercanos y la cuesta enfilamos, la florida pradera de las eras, los primeros cercados y edificios, las calles de entrada a la villa de Velada, la plaza, la iglesia y la escuela.
Una ruta circular, por tierras de Velada y pueblos de frontera, que atraviesa la dehesa, la ribera del Guadhierbas, los sotos de los arroyos y el contorno del pantano, con los campos vestidos con el atuendo de primavera, lleno de colores y variados colores, con la orquesta sinfónica de "sones" formada de pajarillos cantores (el cuco, el ruiseñor, el pinzón, el carbonero, la curruca, la calandria, la paloma torcaz...y otros tantos más, jajaja...)