sábado, 4 de marzo de 2017

BARRANCO DEL RÍO DULCE (GUADALAJARA)

RUTA DE SENDERISMO: "HOZ DE PELEGRINA"


Llevaba tiempo con ganas de visitar el Parque Natural del Barranco del río Dulce por varias razones, su valor medio ambiental, natural y geológico, junto con la rica biodiversidad que atesora, le confieren el privilegio de estar entre los más grandes de la Península Ibérica; pero además, me vienen a la memoria recuerdos de mi infancia o juventud, cuando visionaba con enorme interés y entusiasmo los extraordinarios documentales del más grande de los naturalistas españoles, me refiero claro está a Félix Rodríguez de la Fuente, y aquella laureada serie de televisión española "El Hombre y la Tierra". Aquí se grabaron algunos de los capítulos más atractivos e interesantes, como el seguimiento a una familia de lobos y crianza de sus cachorros o lobeznos; las águilas cazando; y el anidamiento en oquedades rocosas y planeo del vuelo majestuoso del buitre leonado. 
Por fin, se presentó la oportunidad de llevarlo a cabo los últimos días de febrero, coincidiendo con los carnavales, me puse en camino hacia Siguenza (Guadalajara), que tomé como punto de partida para las distintas salidas o excursiones por el entorno. Por cierto, una bella ciudad, con un rico patrimonio artístico, sobre todo monumental, y que bien merece una visita por sí sola. Me alojé para la ocasión en el Castillo medieval convertido en Parador de Turismo, que se halla muy bien conservado, siendo de interés turístico, al igual que la Catedral fortaleza, impresionante sus torres almenadas de la fachada principal y que desde el punto de vista arquitectónico es un compendio de distintos estilos artísticos (románico, gótico, plateresco, isabelino, mudéjar, barroco, neoclásico...), en su interior se halla la afamada escultura del doncel -prototipo del caballero renacentista español: "guerrero ilustrado", y también un prestigioso cuadro del Greco titulado "La Encarnación". Un paseo por la ronda que rodea los restos de muralla, en sus lienzos se sitúan atractivas puertas medievales, así como por el parque de la Alameda donde se ubica el Monasterio de Santa Clara, cuyos dulces de trufas son típicos. La Plaza Mayor, jalonada de soportales y casas palaciegas -destacando el palacio que, en la actualidad, es la sede del ayuntamiento- presenta un aspecto inmejorable, típica plaza castellana; además, destacan varias iglesias y el museo diocesano de la ciudad.

Al día siguiente, por la mañana, guiados por el GPS,  nos dirigimos al pueblo de Pelegrina, para recorrer una de las rutas con las que cuenta el Parque Natural del Barranco del río Dulce, en principio habíamos elegido la ruta naranja, que resulta más corta y fácil de hacer a pie. A la entrada del pueblo, frente a un bar-restaurante, hay una pequeña explanada a la izquierda propicia para dejar el coche. Seguidamente, bien dispuestos y pertrechos, iniciamos la ruta que discurre en su primer tramo por una pista o camino hormigonado señalizado de balizas con distintivos de colores: naranja (discurre por ambas orillas del río) y la azul (que asciende por la ladera del barranco y discurre por la parte alta, pasando por el mirador de la cascada del Gollorío). Después el camino se estrecha y cambia su firme a tierra, vamos remontando el curso de sus aguas y llegamos a una bifurcación que presenta dos opciones, continuar por la orilla izquierda en sentido de nuestra marcha siguiendo el trazado de ida de la ruta naranja, o bien cruzar el río por un puentecito de madera siguiendo el trazado de la ruta azul, que coincide durante un tramo de su recorrido con el trayecto de vuelta de la naranja (comparten ambas un tramo en común). Nos decidimos, mi compañera (mujer) y yo, por la segunda opción, con la idea de acercarnos a ver y disfrutar de la Cascada del Gollorío, contemplando desde abajo la caída, pues el retorno de la ruta naranja, se aproxima bastante al citado lugar; así que cruzamos el río y  continuamos por la orilla derecha, según el sentido de nuestra marcha, se trata de un sendero de fácil tránsito entre álamos desnudos en esta época del año -en primavera y , especialmente, en otoño debe ser una "pasada"-, con diferentes arbustos que figuran en el panel informativo de la salida y demás herbáceas; pero lo que más me llama la atención es el fluir de sus aguas cristalinas, que en ocasiones se tiñen de colores -tonos- verdes que muestran las ovas o algas que las acompañan. Mientras caminamos, resulta obligado detenerse y  hacer numerosas paradas para contemplar las paredes rocosas que nos flaquean, con un sinfín de oquedades que la erosión del agua ha fraguado y que son buen cobijo   para el anidamiento de buitres y águilas; a decir verdad, tan solo buitres divisamos planeando en las alturas, coronando una de las cumbres del barranco se puede apreciar en la lejanía el muro pétreo del mirador, que lleva el nombre de Félix Rodríguez de la Fuente. Desde el punto de vista geomorfológico el paraje es de una gran belleza, pues la erosión del agua sobre la roca caliza ha labrado formas o figuras singulares, muy propicio para dejar volar la imaginación e identificar a variopintos personajes de ficción, como el "Comepiedras", el "Troglodita", el "Oso sentado"...destacan los tolmos, o dicho en términos más vulgares "pirulos", que son una especie de cerros testigos apuntalados, resistentes en buena medida a la erosión, al encontrarse ésta con capas más duras. Un montón de fotos, en cada parada, para el recuerdo. Llegados a un punto, en el cual en medio del cauce se hallan colocadas unas pasaderas para salvar el curso del agua y no mojarse, nos separamos del trazado de la ruta naranja y nos desviamos a la derecha por un sendero poco frecuentado, que requiere apartar las ramas y maleza que le invaden, que se solapa con la ruta azul en un primer momento, pero en vez de remontar la ladera del barranco para acceder a la parte alta por donde discurre la ruta azul, permanecemos en la vaguada y avanzamos por un estrecho sendero hasta encontrar un pequeño desnivel de superficie rocosa, que nos frena, requiere una "trepadilla" y mi compañera se lo piensa, decide esperar en el lugar, mientras yo decido avanzar y explorar. Tras recorrer en solitario unos cincuenta metros, observé a lo lejos, en la profundidad del cañón, un hilillo plateado que brillaba con el reflejo de luz, por fin, allí estaba lo que buscaba, era la cascada. Volví rápidamente sobre mis pasos hasta encontrarme con mi compañera, que estaba a la espera, y exclamé: ¡venga, vamos, está ahí, merece la pena! Anímate y sígueme, la tendí la mano en la trepada y salvó con éxito la escalada, avanzamos con precaución y cuidado sorteando los obstáculos y descendimos al lecho del barranco, una especie de charca con el agua un tanto estancada, como un remanso, a los pies de la cascada, y una chorrera de agua que caía entre las peñas desde el punto más alto y al estrellarse contra las piedras salpicaba...¡qué gozada!   ¿A que ha merecido la pena? -a mi compañera, entusiasmado, le preguntaba-- Momentos para contemplar y disfrutar de la belleza de la chorrera, la cascada del Gollorío con buen caudal de agua, el arroyo del mismo nombre prosigue su andanza para desaguar unos metros más allá en el río Dulce. Tras el descanso y sosiego, emprendemos la marcha de nuevo, pero por el otro lado, para realizar una ruta circular, por lo que hemos de remontar la pared rocosa del barranco, un sendero intrincado de difícil tránsito, avanzamos despacio; sin embargo, algo inesperado oculto tras un recoveco nos obliga a detenernos bruscamente. ¿Y ahora qué?-me preguntaba para mis adentros- ¿Cómo reaccionaría mi compañera de aventura?...El sendero remontaba progresivamente la pared rocosa del acantilado y su estrechez apenas permitía acomodar el pie sobre la rugosa superficie pétrea, la escarpadura de la vía suponía un problema de difícil solución; llegados a este punto, solo cabían dos opciones: volver sobre nuestros pasos -retroceder desandando una larga y complicada senda con algún descuelgue, ahora en bajada, de las trepadas que la salpicaban-, o bien, armarse de valor y seguir adelante, superando los vértigos, y desafiando el peligro. Tras un pequeño debate, de pros y contras, decidimos seguir adelante para completar la ruta circular; traté de convencerla dándole ánimos: ¡venga, que sí puedes!, tú no mires al precipicio que hay debajo, sólo mira hacia adelante y agárrate bien a la cadena que ha sido colocada para el acondicionamiento de la vía - de unos 25 metros aproximadamente-. Tomé la delantera e iba indicando paso a paso cómo proceder para ir avanzando metro a metro, hasta que por fin alcanzamos el otro extremo de la cadena; un suspiro de alivio nos reconfortó del mal trago pasado, lo habíamos logrado, unos minutos para relajarnos y tomar fotografías del acantilado. Reanudamos la marcha con una bajada  que nos conducía al fondo de la barranca, y en una pequeña explanada tapizada de herbáceas, entre arbustos, como escaramujos o zarzas, nos sentamos a descansar y alimentos tomar, comentando y recordando :¡buff, qué  mal lo habíamos pasado! ¡qué tensión!. No obstante, lo habíamos logrado y estábamos emocionados, la adrenalina segregada se notaba... En este lugar, donde el arroyo Gollorío confluye con el río Dulce, se encuentra un cartel informativo en el que se lee " Acceso a la cascada del Gollorío no equipada por el Parque Natural. Peligroso por riesgo de caída"; al leerlo yo me dije "a buenas horas mangas verdes" (je, je). A continuación, cruzamos el ancho cauce del río Dulce por unas pasaderas colocadas para vadear el río y nos situamos en la orilla derecha del mismo -os recuerdo que el recorrido marcado en los paneles del Parque de la ruta naranja es el inverso al que nosotros hemos realizado- , la vegetación es la típica de ribera, con choperas o alamedas bien conservadas; a partir de aquí la senda se ensancha y es muy llana, por tanto, fácil de hacer, lo que permite ir contemplando los altos y verticales acantilados, con variopintas formas o figuras, labradas por el agua al filtrarse y deshacer la muy permeable roca caliza, en los voladizos de las oquedades anida una colonia numerosa de buitres leonados que sobrevuelan nuestras cabezas. Al acercarnos al pueblo, divisamos a lo lejos, en el altozano, un castillo desangelado, en estado ruinoso; pero a su vez, tiene su encanto, resiste a los avatares del tiempo y erguido se mantiene en pie, reflejando la tenue luz de un día enmarañado atrae como un imán nuestras miradas, despertando nuestra admiración e invitándonos a finalizar la ruta con una visita para disfrutar de las vistas (La Panorámica de "La Hoz de Pelegrina" es una maravilla). FIN.
ANEXO. Olvidé comentar que tuve la fortuna de posar para la fotografía al lado de la entrada de la guarida, o madriguera, donde se grabó la secuencia de la loba criando a sus cachorros. Se sitúa en una oquedad de la pared rocosa con voladizo en la bajante del tramo con cadenas, tras superar la adversidad y en un estado anímico mucho más alegre, que se refleja en la cara.
Y por último, añadir que la fotografía del Arco Romano se halla en la ciudad de Medinaceli ("Ciudad del Cielo"), en la provincia de Soria, que dista unos 45 Km. de Siguenza y cuenta con innumerables vestigios romanos, la ciudad antigua se levanta en lo alto de una colina, destacan sus restos de muralla, calzada, mosaicos...; pero a mí lo que más me impresionó fue su Arco conmemorativo, erigido en honor a varios Emperadores.





















































domingo, 19 de febrero de 2017

RUTA  DE  LOS  ALMENDROS  2017

El 19 de febrero se incorporaron de nuevo veteranos caballeros, que con vítores y algarabía fueron recibidos en la salida, hizo su aparición el hercúleo Goyo y Maca "el de la tasca", también esta vez nuestro Presi Andrés, mas no podía faltar el gamonino Roberto "mecánico de entuertos", que con su aliado Víctor "canilla" -marqués de la cocinilla-, formaron el cinquillo del pelotón, en buena disposición para arropar al Gran Maestre en la ruta de los almendros en flor, desechada la otra opción del Riscal y su molino, con su arroyo bien crecido; pero Goyo es reticente y ve demasiados inconvenientes tras tanto tiempo ausente. Emprendemos la marcha por la carretera hacia Calera, enseguida nos desviamos a la derecha por la vía de servicio de la nacional cinco, la salvamos por el puente y continuamos por un camino, que tras las lluvias, tiene su firme blando y el pedaleo adquiere un ritmo bajo, sembrados a los lados y un gavilán en lo alto; apunta el caballero Goyo, que el perdigón va el último solo (carcajadas y je, je...). En un rodal clareado corretean las perdices entre encinas y chaparros, alguna alza el vuelo y de vista la perdemos... A Calera llegamos, atravesamos por la carretera el casco urbano y a la Vía Verde nos incorporamos, fuertes rachas de viento que mejoran el rendimiento, viento en popa a toda vela empujando la trasera, mientras tanto, vamos observando la acumulación de agua en los bajos, lagunillas y charcos espaciados, anegadas de aguas las cunetas y pobladas de hierbas, se entremezclas los brotes tiernos, que verdean, con los tallos secos de otro tiempo, pajizas pardas, marrones y grisáceas...el campo rebosa de agua y una incipiente explosión de vida se aprecia por doquier, dentro de unos días, cuando vaya imponiéndose progresivamente el sol, asistiremos a un campo vestido de color, de múltiples olores asociados a las flores. Avistamos una docena, aproximada, de almendros en flor en la margen derecha de la vía, están bien cuajados y a pesar de la poca luz del día -está nublado- destacan los contrastes de la blancura de unos y el tono rosáceo de otros; fotos para la ocasión, un año más nos deleitamos y disfrutamos con los almendros en flor, el amigo Víctor se hace eco de la emoción y la capta en fotos tras el visor de su inseparable cámara -que por cierto, tras un percance cayó al suelo, se descompuso su cuerpo, pero fue recompuesto y como si nada, sigue apta- . Seguimos avanzando y encontrándonos con más almendros, que nos flaquean a ambos lados, pétalos blancos y rosados que el viento a esparcido y diseminado por el firme alquitranado, algunos de ellos en vuelo acarician nuestras mejillas y en el suelo se depositan, aparece algún tramo de flores alfombrado, en la retina con esta imagen nos quedamos -hay quien incluso comenta que le viene a la mente la imagen de aquella película "Excalibur", cuando los caballeros a galope tendido van en busca del Santo Grial y desfilan entre árboles floridos que les agasajan aventando sus pétalos sobre todos ellos-; pues parece como si quisieran saludarnos dejando caer sus flores mientras pasamos. Llegamos a Silos, nos detenemos para el avituallamiento, descansamos...y por el carreterín de Alberche regresamos, poco más que contar, salvo una pequeña incidencia en una burricleta, la llanta delantera ha petado, y una pequeña fisura o grieta se ha fraguado, por lo que hay que circular despacio; además el viento aprieta, pero ahora no es en popa sino en proa, empuja en contra, de frente, y ahora nos detiene, apenas avanzamos y aumenta el cansancio. Y después de Gamonal, por el camino con olivar, a Velada conseguimos llegar. Distancia: 47 Km. Tiempo: 3:30 horas.






 

lunes, 6 de febrero de 2017

RUTA EÓLICA

RUTA   EÓLICA
Domingo 6 de febrero, tan solo dos caballeros, ambos maestros, el honorífico de Gran Maestre, y el ceramista maestro, el Gran Alberto; desde el lugar acostumbrado y a la hora de partida convenida, se inicia la partida, en una jornada que viene por el viento marcada. Sopla un fortísimo viento, que para muchos resulta un impedimento e incumplimiento de uno de los mandamientos: Con lluvia, viento, haga frío y/o calor, pedalearé junto a mis compañeros sin temor, bajo el lema "fuerza y vigor". Como reseña, comentar la aparición de un galáctico, quien a la espera de su compañero charla amigablemente con los caballeros. Tras la despedida, buscamos una ruta que aporte un parapeto a la furia del animoso viento, que el dios Eolo ha puesto en movimiento, así que nos dirigimos hacia Mejorada, afrontando el alto de La Gamonosa con el viento en popa, lo que favorece una conquista airosa. Mientras tanto, vamos relatando el desaguisado que en la escuadra ha ocasionado las inclemencias del tiempo -lluvia, frío, viento ...-, a ambos lados del camino, en los cercados, varios de ellos con ganado, brotan las nuevas hierbas que con las lluvias caídas verdean entre las encinas, junto con los bolos de piedra. Suena el teléfono, una y otra vez, serán los talaveranos impacientes porque no llegamos; exhorto a Alberto a que se lance al ataque y tome la plaza de Mejorada donde se hallan. Poco después, llego yo también, sumando nuestras fuerzas a la de los que nos esperan, unos caballeros aguerridos  -Ilde, Diego y Antonio- que conforman un poderoso trío. Ahora, Diego encabeza la marcha, atrás queda la citada villa y nos dirigimos a Segurilla, bordeamos por el norte su casco urbano y hacia el Marrupejo nos enfilamos, por el camino llamado Hituero, cuyo firme presenta buen estado, pues tras las lluvias el viento ha oreado, de lo que nos congratulamos; el cauce  se interpone al avance, salvamos airosos el obstáculo y la corriente vadeamos, cruzando al otro lado; sin embargo, el ancho de la vía ha menguado y el camino se ha estrechado, su firme irregular se torna empedrado y dificulta enormemente el tránsito, poniendo a prueba a los más diestros caballeros, que con fuerza y vigor coronan el cerro con tesón; mientras tanto, el último, abnegado penitente, no puede con la pendiente, lleva su burricleta a cuestas hasta coronar la prolongada cuesta. Seguidamente, transitamos por un angosto sendero, propio y típico de los arrieros, que discurre entre muretes de piedra de singular belleza, el musgo recubre la superficie de las piedras, los líquenes conforman una capa envolvente sobre troncos y ramas, collares verdiazules adornan el dosel de la enramada, las encinas alineadas se abrazan, en la superficie terrosa se abren paso canalillos de agua, piedras diseminadas que requieren habilidad para sortearlas, avanzamos con tiento y cuidado flanqueados a ambos lados por las zarzas...Nos reagrupamos en un extenso prado, momento de descanso, saco el móvil y tomo unas fotos, el campo se prepara para estar hermoso, la humedad reinante le hace poderoso; mientras tanto, se separan unos cuantos en busca de algo novedoso, exploran una vía alternativa y al regresar lo comunican, así que muy animados todos marchamos. Se trata de unas roderas que conducen a una vía más ancha, con apariencia de camino para uso ganadero, discurre por una finca -posiblemente privada- desde lo alto del cerro  en bajada por la ladera hasta la falda; pero...algo nos llamó poderosamente la atención, pues desde las alturas, casi a vista de pájaro, pudimos contemplar una panorámica espectacular de un bucólico paraje, desconocido hasta el momento desde este punto de vista, pues amplitud del espacio que se abría ante nuestros ojos permitía avistar el largo discurrir del arroyo Marrupejo que como una enorme lengua de cristal se abre paso y avanza entre los verdes prados que le escoltan a los lados, en el fondo del valle se dibuja su cauce con sus aguas cristalinas  reflejando la luz del sol, en un día luminoso y claro, como si se tratara de un espejo resplandeciente que hechiza y cautiva las miradas...el arroyo ansía la soledad y se sosiega, sus aguas puras se amansan y nos agasajan con la paz, son momentos para guardar y no olvidar, se trata de una paisaje rural muy bien conservado, que hay que cuidarlo y disfrutarlo, no alterarlo. Llegamos a la margen derecha del Marrupejo, junto al puente desnudo de nuestros antepasados, típica construcción popular, con tan solo unos pétreos travesaños, abrimos una frágil portera de alambre y madera, y enlazamos con el camino del Lomo, pasamos por encima del nuevo puente levantado, y seguimos hasta la intersección con el camino de Marrupe, donde giramos a la izquierda de la marcha, acometemos la bajada por una vía bastante embarrada y nuevamente nos desviamos por un sendero recientemente explorado, conocido como sendero del Pozo, pero figura con el nombre de Las Umbrías; ahora bien, en esta ocasión hay que ascender, el recorrido es en sentido inverso, lo que supone mayor esfuerzo, yo ya no puedo más y me obliga a descabalgar, mas no importa, porque la vegetación es frondosa, voy caminando y disfrutando -ya hice hincapié en la anterior vez-, canta un pajarillo  con final en chirrido, pudiera tratarse de una curruca pululando de encina en encina, de chaparra en chaparra, de escaramujo a la zarza, de la retama a la lavanda...Por fin encuentro al grupo, se han detenido esta vez para tomar alimento y beber, un "tentempié", ya recuperados, de nuevo marchamos y en el camino del Lomo de nuevo nos hallamos, poco después nos desviamos otra vez, toca la senda del Terror, para sufrimiento mayor, angosto e intrincado sendero, con muchos tropezones o tropiezos, de firme muy irregular, salpicado de cantos, piedras, bolos pétreos ...se enganchan las ramas de chaparras y zarzas, escaramujos, retamas, lavandas...la dificultad subiendo es máxima, solo los muy osados aguantan y no se bajan; pero yo no soy de esos, je, je...Finalizado el tramo, nos reagrupamos, atravesamos la gran pradera y el camino de Los Leñadores nos espera, aquí nos separamos, el trío talaverano hacia Cervera se ha marchado, el dúo veleño en dirección al pueblo, al acercarnos a Segurilla nos sorprenden unas gotas de llovizna, poca cosa y apenas moja, una nube se ha escorado y algo nos ha tocado, atrás queda la amenaza y después de Segurilla alcanzamos Mejorada, a la salida, a la altura de la Ermita de San Roque, el viento arrecia con enorme fuerza, sopla de cara y frena la marcha, tornándose lenta, muy lenta; no obstante, seguimos pedaleando y poco a poco a la meta nos vamos acercando. En uno de los cercados observamos una cabaña de ganado, de yeguas y caballos, pastan en la pradera y corretean por la parcela. Afrontamos la última cuesta justitos de fuerzas, pero coronamos y a la Gamonosa llegamos; poco después, Alberto tiene prisa, hablamos y así lo acordamos, acelera su burricleta y se aleja; pero en el llano, poco antes del descenso, tanto ha apretado que la cadena se ha cargado, un eslabón  se ha soltado y lo planeado se ha chafado. Pero a pesar del incidente, tiene suerte, casi todo es cuesta abajo y con los pies, en el suelo apoyando, alternando se va impulsando, que con algún empujón continúa hasta su casa con tesón.












lunes, 30 de enero de 2017

PEDALEANDO BAJO LA LLUVIA

PEDALEANDO BAJO LA LLUVIA EN SOLITARIO

Domingo 29 de enero, a las 9.00 horas frente al Colegio, nadie aparece en la mañana lluviosa de invierno, ni caballeros, ni escuderos, el Gran Maestre solo frente al principal inconveniente: cae fina la lluvia, y con el chubasquero puesto, me voy por la carretera con mi burricleta. En los campos que rodean Gamonal, los cazadores a la espera están, con escopetas en ristre típica indumentaria visten, mientras sus perros rastrean en busca de alguna pieza; malos augurios cavilanen una jornada que mal empieza. En la plaza remodelada  y renovada no se ve ni un alma, está desierta, nadie me espera, la burricleta se aleja, la lluvia arrecia...Por el carreterín asfaltado a Alberche he llegado un poco mojado pero no calado, atravieso su casco y continuo buscando el río Tajo: podadas están la higueras dispuestas en hilera, junto a las acequias, terruños arados con algún caserío aislado, muchos de ellos un tanto descuidados, medio abandonados, barbechos con tonalidades marrones, en una gama desde el más oscuro, casi negro, pasando por el café, chocolate, castaño, pardo, siena...; alternan con el verde de los sembrados, las gramíneas de los costados a ambos lados, el gris de cardos y carrizos, y el amarillo mostaza de los cañizos. Los álamos desnudos se yerguen impenitentes, aguantando estoicamente la estación invernal; sola en la picota posada está la tórtola, ya no aguanta más y volando se va; bandadas de estorninos deambulan sin destino, adelante, vuelta atrás y otra vez a empezar; una garcilla bueyera aparece por la derecha; entre las cabezuelas espinosas de un cardo resaltan las plumas amarillas del jilguero en su continuo aleteo, y con el sonido suave de su canto entrecortado, me he emocionado...descubrir la belleza que encierran las cosas pequeñas, a las que no damos importancia o relevancia, pero que son cercanas, y que si te pones a escuchar te hablan, y te hacen reflexionar y cuestionar... Me embarga la melancolía en medio de la campiña, como no tengo con quien hablar me sumerjo en pensamientos que se entremezclan con recuerdos, la soledad también a veces te invita a soñar, a filosofar -perdón por el atrevimiento, mas bien, a idear "tontunas"-, a cavilar... Me detengo ante el cartel indicativo de paraje con valor ecológico, donde el cauce del río se ensancha de forma considerable y se asemeja a una tabla o laguna con el agua remansada, abundan los rodales de eneas o espadañas con sus colores pajizos, varias pollas de agua (gallineta común) surcan la pátina superficial de agua dibujando su rastro lineal; en un primer plano, más cercano a mí, palidecen y blanquean los muros de una edificación derruida; mientras tanto, con la cámara del móvil capto el paisaje como un cuadro. De nuevo cabalgo a lomos de mi burricleta y la mente se despierta, lo que se traduce en un soliloquio, de lo cual relato un poco:
"Yo en mi caballo ángulo recto,
yo y mi caballo ángulo llano,
cóncavo o convexo cristaliza el pensamiento,
adónde iré a parar dando pedales en soledad..."
Al final del trayecto, se encuentra la Vía Verde, giro a la izquierda alejándome de Calera, almendros a ambos lados, las abultadas yemas de sus ramas dan muestra de la incipiente flor, a punto de eclosionar. Una pareja de perdices corren acompasadas por la despejada vía, a resguardo de tanto cazador que anda suelto por labrantíos y sembrados, parece que el macho la corteja, mientras la picotea, pero no parece importarla porque juntos, al aproximarme, se marchan. Llego a la estación de Silos y bajo los soportales encuentro alivio, engullo las viandas y bebo agua, saludo a dos ciclistas que regresan de su ruta a toda prisa, parece que ya la llovizna ha parado, y estoy de nuevo preparado. Rumbo a Calera enfilando la recta, pero poco antes de llegar, con una situación ingrata me vine a topar, pues en medio de la vía un pajarillo muerto yacía boca arriba, me acerqué a ver y zorzal de manchas oscuras salteadas en pecho y vientre grisáceo observé,   al darle la vuelta, presentaba el dorso marrón y pico largo y afilado; el presagio de malos augurios se había hecho patente, y un perdigón extraviado le había alcanzado, ¡ay! ¡qué pena me da!, cae fina la lluvia por el camino, desesperado, me voy, la tristeza se apodera de mis sentimientos y "rula" de nuevo la cabeza: pienso en que quizás su avatar pueda en otra dimensión otra vez volar, tal vez en universos paralelos, en un mundo virtual, conectados por agujeros negros, con leyes físicas que no tienen por qué ser igual a nuestro mundo real...lo efímera que es la vida de un ser, la inconsistencia, la volatilidad...ante la inmensidad del universo y/o universos no somos "na", ¿habrá principio y final?, ¿o todo es un continuar?, el paso a otro estadio más...
Atravieso el casco urbano de Calera, me desvío por la carretera que enlaza con la N-V rumbo a Velada, la cruzo por el puente existente, avanzo por la vía de servicio hasta la gasolinera, me dirijo a la Casa de Postas, pero en una lagunilla cercana me recreo con la imagen de una pareja de ánades reales (patos) nadando juntos, uno al lado del otro, levantan el vuelo y en la retina quedan impresos los destellos verdes de su cuello -el plumaje del macho es de los más bellos-. Vuelve a mi ser la alegría, porque la vida se abre paso de nuevo, nacerán de la pareja polluelos... sumido voy en este y otros pensamientos, poco después, solo pero esperanzado a casa llego. Un día feliz, a mi modo he disfrutado con la bici, bajo la lluvia en solitario. A todos los que compartís el deporte de la bici, un saludo y un abrazo, a disfrutarlo.